“Me pica muchísimo, pero me han dicho que es sequedad.”
“Me salen pequeñas grietas cada vez que tengo relaciones.”
“Últimamente noto la piel diferente.”
Son situaciones que veo con relativa frecuencia en consulta y que, en algunas mujeres, terminan conduciendo al diagnóstico de liquen escleroso.
El liquen escleroso es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente a la piel de la vulva y de la región alrededor del ano. Puede aparecer a cualquier edad, aunque es más frecuente después de la menopausia.
¿Qué síntomas puede producir?
Uno de los síntomas más conocidos es el picor vulvar, que en algunas mujeres puede llegar a ser muy intenso. Pero no es el único.
También puede aparecer ardor, escozor, sensación de irritación, pequeñas fisuras que se repiten, fragilidad de la piel o molestias durante las relaciones sexuales.
Y algo importante: no todas las mujeres con liquen escleroso tienen picor.
En ocasiones los síntomas son leves y son los cambios que encontramos durante la exploración los que hacen sospechar la enfermedad.
“He notado que mi vulva está cambiando”
Esto merece especial atención.
Cuando el liquen permanece activo durante un tiempo puede producir cambios progresivos en los tejidos. Algunas mujeres observan que los labios menores parecen más pequeños, que la piel alrededor del clítoris ha cambiado o que la entrada vaginal se siente más estrecha.
También pueden aparecer adherencias y cicatrices.
Estos cambios no ocurren necesariamente en todas las mujeres ni evolucionan de la misma manera.
Por eso suelo explicar que el liquen escleroso no es simplemente un problema de picor o sequedad.
¿Significa que estos síntomas son liquen escleroso?
No.
El picor, el ardor, las fisuras o el dolor durante las relaciones pueden aparecer en diferentes enfermedades vulvares.
Una candidiasis recurrente, determinados problemas dermatológicos, cambios hormonales o algunas formas de dolor vulvar pueden producir síntomas que se parecen.
Por eso no recomiendo tratar durante meses una supuesta “sequedad” o repetir tratamientos para hongos sin tener claro qué está ocurriendo.
¿Cuándo deberías consultarlo?
Si tienes picor o ardor persistente, fisuras que aparecen repetidamente, dolor durante las relaciones o has notado cambios en la piel o en la anatomía de tu vulva, merece la pena realizar una valoración.
El diagnóstico del liquen escleroso es fundamentalmente clínico en muchos casos y no todas las pacientes necesitan una biopsia. La necesidad de realizarla dependerá de los hallazgos de la exploración y de cada situación.
Y si finalmente se trata de un liquen escleroso, diagnosticarlo es solo el primer paso. El tratamiento y el seguimiento son importantes para controlar la enfermedad y prevenir, en la medida de lo posible, su progresión.
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