Hay mujeres que llegan a consulta porque nunca han podido utilizar un tampón, porque sienten que existe una barrera al intentar mantener relaciones o porque presentan dolor. Otras ya saben que tienen un himen septado, microperforado o alguna otra variante anatómica. Y también hay mujeres que consultan por un motivo completamente diferente: desean información sobre una himenoplastia. Son situaciones distintas y es importante diferenciarlas. En consulta podemos hablar con tranquilidad de qué te ocurre, valorar la anatomía cuando sea necesario y explicarte si existe realmente un problema que necesite tratamiento y qué opciones tenemos.

Esta es una de las formas en las que algunas pacientes describen el problema. A veces cuentan que nunca han podido introducir un tampón. O que consiguen colocarlo, pero después tienen mucha dificultad para retirarlo. Otras sienten dolor o una especie de barrera cuando intentan tener penetración.
Detrás de estos síntomas puede haber diferentes causas y, en algunos casos, encontramos una variante anatómica del himen. El himen no tiene una única forma. Su cantidad de tejido, elasticidad y configuración varían considerablemente entre mujeres y muchas de esas diferencias son completamente normales. Sin embargo, algunas variantes sí pueden producir síntomas. La cuestión no es cómo “debería” verse un himen, sino si su anatomía está provocando un problema.
En lugar de existir una única abertura, encontramos una banda de tejido himeneal que la divide parcialmente. Muchas mujeres no tienen ninguna molestia. En otras, puede dificultar introducir o retirar un tampón o interferir con la penetración. Cuando realmente está produciendo un problema, podemos valorar su corrección.
En este caso existe una abertura, pero es muy pequeña. La menstruación puede salir, aunque puede existir dificultad para utilizar tampones, problemas con la penetración o, dependiendo de la anatomía, dificultad para la salida de secreciones o del flujo menstrual.
Aquí el himen cubre completamente la entrada vaginal y no existe una abertura que permita la salida normal de la menstruación. Suele detectarse alrededor de la pubertad y puede manifestarse con dolor abdominal o pélvico que aparece de forma cíclica pese a que aparentemente no llega la menstruación. Es una situación diferente a las anteriores y requiere una valoración y tratamiento específicos.
También puede ocurrir. Existen otras alteraciones de la entrada vaginal que pueden confundirse inicialmente con un problema himeneal. Por eso no deberíamos decidir qué tratamiento necesitas únicamente por los síntomas o por lo que parece verse. Primero hay que entender qué está ocurriendo.
No toda dificultad para la penetración es un problema del himen. El dolor o la imposibilidad para la penetración también pueden relacionarse con la piel vulvar, cicatrices, cambios hormonales, vestibulodinia, dolor vulvar o una contracción involuntaria de la musculatura del suelo pélvico. Operar sin haber identificado primero la causa no tiene sentido.
Si encontramos una variante anatómica del himen y comprobamos que realmente está produciendo síntomas, podemos valorar si necesita tratamiento. En determinados casos, el procedimiento consiste en retirar o abrir de forma controlada el tejido que está generando la dificultad. Pero tener una variante del himen no significa automáticamente necesitar cirugía. La decisión depende de la anatomía, de los síntomas y de cómo está afectando a cada mujer.
“Doctora, quería preguntarle algo, pero me da un poco de vergüenza…”
Esta es también una consulta que puede resultar difícil de plantear. La himenoplastia es una intervención destinada a reconstruir tejido himeneal. Una mujer puede solicitarla por razones muy diferentes y profundamente personales, incluidas circunstancias sociales o culturales. No necesitas justificar delante de mí por qué quieres preguntar sobre ella. Mi función es escucharte, explicarte en qué consiste, valorar tu anatomía y asegurarme de que entiendes tanto sus posibilidades como sus limitaciones antes de tomar una decisión.
La decisión de realizar una himenoplastia debe ser tuya, libre y voluntaria. Si existe presión por parte de una pareja, familia o cualquier otra persona, es importante poder hablar de ello de forma privada. La consulta es precisamente el espacio para hacerlo.
Hay una idea que todavía genera mucha confusión y que merece explicarse claramente: mirando un himen no podemos saber si una mujer ha tenido relaciones sexuales. Los hímenes no tienen todos la misma apariencia y pueden ser muy elásticos. Su anatomía puede cambiar por diferentes circunstancias y existe una enorme variabilidad entre mujeres.
No existe una exploración ginecológica capaz de demostrar si una mujer ha mantenido o no relaciones sexuales. Por eso tampoco considero correcto hablar de “recuperar la virginidad” mediante una himenoplastia. La virginidad no es un diagnóstico médico y el himen no constituye una prueba de actividad sexual previa.
Puede tratarse de dolor, dificultad con tampones o penetración, una alteración que ya conocías o una consulta específicamente relacionada con una himenoplastia.
Si el motivo lo requiere, realizaré una exploración de la entrada vaginal para determinar si existe una variante del himen o si los síntomas pueden tener otro origen.
Hay variantes anatómicas que no producen ningún problema y no necesitan tratamiento.
Si existe una indicación quirúrgica o estás considerando una himenoplastia, hablaremos de cómo se realiza, qué podemos esperar, qué no podemos garantizar, la recuperación y los posibles riesgos.
Tanto si tienes dificultades con tampones, dolor o problemas con la penetración, como si ya conoces una alteración del himen o quieres solicitar información sobre una himenoplastia, puedes pedir una valoración. Primero entenderemos qué ocurre. Después veremos si realmente necesitas tratamiento y qué opciones pueden tener sentido en tu caso.