Cuando el capuchón del clítoris pierde movilidad o queda adherido
El clítoris está parcialmente cubierto por un pliegue de piel llamado capuchón clitorídeo, que normalmente puede desplazarse y permitir la exposición del glande del clítoris.
Cuando el capuchón queda adherido parcial o completamente al clítoris, hablamos de adherencias clitorídeas.
Estas adherencias pueden pasar desapercibidas y no producir ningún síntoma, pero en algunas mujeres pueden asociarse a molestias, dolor, acumulación de secreciones o cambios en la sensibilidad.
El primer paso es valorar la anatomía, identificar si realmente existen adherencias y determinar si necesitan tratamiento.
Valoración Presencial y Confidencial
El clítoris es mucho más que la pequeña parte que podemos ver externamente. La zona visible corresponde al glande del clítoris y está parcialmente protegida por el capuchón clitorídeo.

Pliegue de piel que protege el glande del clítoris y que normalmente se desplaza hacia atrás.
Parte visible y altamente sensible del clítoris, situada bajo el capuchón.
Pequeño pliegue que conecta la parte inferior del glande con los labios menores.
Pliegues de piel internos que flanquean la entrada vaginal y ascienden hacia el clítoris.
Área de fusión cicatrizal donde el capuchón se une al glande, perdiendo movilidad.
Las adherencias aparecen cuando parte del capuchón clitorídeo queda unido al tejido que se encuentra debajo y pierde su movilidad habitual.
Pueden afectar únicamente a una pequeña zona o ser más extensas.
Solo una parte del capuchón está adherida y todavía existe cierta movilidad.
Una mayor parte del glande permanece cubierta y la movilidad del capuchón está más limitada.
Existe una cicatrización o adherencia más importante que dificulta o impide descubrir adecuadamente el glande del clítoris.
Las adherencias pueden descubrirse durante una exploración sin que la paciente haya notado ningún problema.
Puede existir molestia espontánea o al tocar la zona.
La ropa, determinadas actividades o las relaciones sexuales pueden provocar incomodidad.
Algunas mujeres refieren que la sensibilidad ha cambiado o que la estimulación se siente diferente.
Especialmente cuando existe contacto o presión sobre la zona del clítoris.
Cuando existe una adherencia pueden formarse pequeños espacios donde se acumula queratina o secreciones, que en algunas pacientes pueden producir presión, irritación o dolor.
La paciente puede notar que el capuchón tiene poca movilidad o que el glande no puede descubrirse como antes.
Las adherencias clitorídeas no tienen una única causa. Pueden estar relacionadas con procesos inflamatorios o cicatriciales de la vulva.
Es una causa especialmente importante porque la inflamación y cicatrización mantenidas pueden producir adherencias y cambios progresivos alrededor del clítoris.
Determinados procesos inflamatorios pueden favorecer cambios y cicatrización de los tejidos.
Cuando los tejidos permanecen inflamados o lesionados pueden cicatrizar uniéndose entre sí.
Determinados cambios hormonales o de la calidad de los tejidos pueden coexistir con otros factores que favorezcan molestias en la zona.

El liquen escleroso puede producir inflamación crónica y cicatrización progresiva de la vulva.
Cuando afecta a los tejidos alrededor del clítoris, el capuchón puede ir perdiendo movilidad y quedar progresivamente adherido. En casos más avanzados puede desarrollarse una fimosis clitorídea.
Si existe liquen escleroso, tratar y mantener controlada la enfermedad es una parte fundamental del manejo de las adherencias.
Liberar una adherencia sin controlar la enfermedad que está produciendo la cicatrización no resuelve el problema de base.
Durante la consulta examino cuidadosamente el clítoris, el capuchón y el resto de la vulva.
Una adherencia pequeña y asintomática no necesariamente necesita ser liberada.
El objetivo no es conseguir una anatomía determinada, sino tratar un problema cuando existe una indicación para hacerlo.
No existe un único tratamiento para todas las adherencias.
Cuando existe liquen escleroso u otra enfermedad inflamatoria, es fundamental controlar adecuadamente esa enfermedad.
En algunos casos pueden recomendarse medidas para cuidar la piel y reducir la inflamación o irritación de la zona.
Si además existen cambios relacionados con la menopausia o atrofia vulvovaginal, puede ser necesario tratar también ese componente.
Cuando las adherencias son importantes, producen síntomas o afectan a la función, puede valorarse su liberación.
En pacientes seleccionadas puedo valorar la liberación de las adherencias cuando existe una alteración anatómica que produce síntomas o afecta a la función.
El procedimiento tiene como objetivo separar cuidadosamente los tejidos adheridos y recuperar, en la medida de lo posible, la movilidad del capuchón clitorídeo y la exposición del glande.
La técnica depende de la extensión y características de las adherencias.
Cuando existe una enfermedad vulvar asociada, como liquen escleroso, es especialmente importante que esté adecuadamente tratada y mantener el control después del procedimiento.

Algunas mujeres con adherencias refieren menor sensibilidad, dificultad con la estimulación o cambios en el orgasmo. Otras no presentan ninguna alteración sexual.
Cuando existe una adherencia importante, liberarla puede mejorar la exposición y movilidad del clítoris.
Sin embargo, la respuesta sexual y el orgasmo dependen de muchos factores, por lo que no es posible garantizar que la liberación de una adherencia vaya a producir un determinado cambio en la sensibilidad o en la capacidad orgásmica.
Mi objetivo es tratar la alteración anatómica cuando existe una indicación médica y preservar al máximo la función y la sensibilidad de la zona.

Sí, existe posibilidad de que los tejidos vuelvan a adherirse.
El riesgo depende de la causa, de las características de los tejidos y de la evolución de cada paciente.
Por eso, después de una liberación puede ser necesario establecer cuidados específicos para favorecer una cicatrización adecuada y mantener la movilidad de los tejidos.
Si existe liquen escleroso u otra enfermedad inflamatoria, mantenerla controlada es especialmente importante para reducir el riesgo de nuevas cicatrices y adherencias.
Dolor, sensibilidad, cambios durante las relaciones, dificultad para exponer el clítoris o cualquier otra molestia.
Valoro el clítoris, el capuchón y el resto de la vulva para comprobar si realmente existen adherencias.
Especialmente signos de liquen escleroso, inflamación, cicatrización u otras alteraciones vulvares.
Podrás entender si existe una adherencia, su extensión y si puede estar relacionada con tus síntomas.
No todas las adherencias necesitan ser liberadas. Si existe una indicación, te explicaré las diferentes opciones y qué podemos esperar de ellas.
Si tienes dolor, hipersensibilidad, dificultad para exponer el clítoris o ya te han diagnosticado adherencias o fimosis clitorídea, puedo realizar una valoración específica de la zona.
El objetivo es determinar si realmente existe una adherencia, qué la está causando y si necesita tratamiento.