Entender dónde y por qué duele es el primer paso para poder tratarlo
Tener dolor durante las relaciones sexuales es relativamente frecuente, pero no debería considerarse algo que simplemente hay que aguantar.
El dolor puede aparecer al inicio de la penetración, sentirse en la entrada vaginal, aparecer con una penetración más profunda o continuar incluso después de las relaciones.
Las causas pueden ser muy diferentes: sequedad, cambios hormonales, problemas de la piel vulvar, cicatrices, tensión muscular, infecciones, cambios después del parto o alteraciones de la anatomía, entre otras.
Por eso, cuando una paciente consulta por dolor, mi objetivo no es empezar directamente con un tratamiento, sino intentar identificar primero qué está provocando ese dolor.
Valoración Presencial y Confidencial
Saber dónde aparece, cuándo comienza y cómo se siente aporta mucha información sobre su posible origen.
Puede sentirse como ardor, escozor, sensación de corte o dolor cuando comienza la penetración.
La molestia aparece principalmente cuando la penetración es más profunda y puede sentirse en el interior de la vagina o en la pelvis.
En algunas mujeres la molestia continúa durante horas o incluso más tiempo después de mantener relaciones.
Puede existir la sensación de que la entrada vaginal no permite una penetración cómoda o de que determinados tejidos “tiran”.
Puede relacionarse con sequedad, inflamación, pequeñas fisuras o alteraciones de la piel vulvar.
Algunas mujeres han tenido relaciones sin dolor durante años y comienzan a presentar molestias después del parto, durante la perimenopausia o menopausia, después de una cirugía o coincidiendo con algún problema vulvar.
No existe un único tratamiento para el dolor durante las relaciones porque no existe una única causa.
En algunas pacientes encontramos un factor predominante y en otras pueden coincidir varios.
La disminución de estrógenos puede hacer que los tejidos vulvares y vaginales estén más secos, finos y sensibles, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia.
El liquen escleroso, dermatitis y otras enfermedades vulvares pueden producir inflamación, fisuras, ardor o cambios en la anatomía que hagan dolorosas las relaciones.
Una cicatriz dolorosa, rígida o retraída después del parto puede provocar molestias durante la penetración.
Después del parto, una cirugía, una cicatrización anómala o determinadas enfermedades vulvares pueden aparecer cambios anatómicos que interfieran con las relaciones.
Cuando los músculos del suelo pélvico están excesivamente tensos, la penetración puede resultar difícil o dolorosa.
En algunas mujeres se produce una contracción involuntaria de la musculatura que dificulta o impide la penetración. Requiere una valoración específica.
Algunas infecciones vaginales o vulvares pueden provocar ardor, irritación y dolor, especialmente durante los episodios activos.
Cuando existe dolor persistente en la vulva o especialmente en la zona de entrada vaginal, es necesario estudiar otras posibles causas de dolor vulvar.
Durante la consulta empiezo hablando contigo sobre cómo comenzó el dolor, dónde lo notas, qué situaciones lo empeoran y si existen otros síntomas asociados.
También reviso antecedentes que pueden ser importantes: partos, episiotomías, cirugías, infecciones recurrentes, menopausia, tratamientos hormonales o problemas previos de la piel vulvar.
Cuando está indicado, realizo una exploración cuidadosa de la vulva, la entrada vaginal y el suelo pélvico.
Busco inflamación, sequedad, fisuras, cambios de coloración o signos de enfermedad vulvar.
Intento identificar exactamente qué zonas provocan dolor o sensibilidad.
Valoro episiotomías, desgarros previos, adherencias o cambios en la entrada vaginal.
Compruebo si existe tensión muscular excesiva o dolor asociado a la musculatura.
Cuando los síntomas lo requieren, completo la exploración para buscar otras posibles causas.

La exploración se adapta a cada paciente. Si algo resulta doloroso, no es necesario forzarla.
Una vez identificados los factores que pueden estar provocando el dolor, puedo plantear un tratamiento adaptado a cada caso.
Hidratantes, tratamientos tópicos o medidas específicas cuando existe irritación, inflamación o enfermedad vulvar.
En pacientes con sequedad y cambios relacionados con la disminución de estrógenos puede estar indicado utilizar tratamiento hormonal vaginal o vulvar.
Cuando existe liquen escleroso u otra enfermedad de la piel, es fundamental tratar primero la enfermedad de base.
Puede ser especialmente útil cuando existe hipertonía muscular, dolor miofascial o dificultad para relajar la musculatura durante la penetración.
Las cicatrices dolorosas de episiotomías, desgarros o cirugías pueden requerir tratamientos específicos dependiendo de sus características.
En pacientes seleccionadas pueden utilizarse como complemento para mejorar determinadas características del tejido o tratar algunos componentes del dolor.
Cuando existe una alteración anatómica concreta —por ejemplo, una cicatriz problemática, adherencias o un estrechamiento de la entrada vaginal— puede ser necesario valorar una corrección quirúrgica.
Durante la perimenopausia y la menopausia, la disminución hormonal puede producir cambios en la vulva y la vagina.
Cuando estos cambios forman parte del síndrome genitourinario de la menopausia, existen diferentes opciones de tratamiento que pueden mejorar considerablemente los síntomas.


Después de una episiotomía o un desgarro pueden quedar cicatrices que provocan tirantez, dolor o molestias durante las relaciones. También puede haber cambios en el cuerpo perineal o en la entrada vaginal.
En estos casos, durante la exploración intento determinar si realmente la cicatriz o el cambio anatómico coincide con la zona donde la paciente siente el dolor.
No todas las cicatrices necesitan cirugía.
Cuando existe una alteración anatómica que explica los síntomas, pueden valorarse diferentes opciones, desde tratamientos conservadores hasta una corrección quirúrgica.
En algunas pacientes el dolor se acompaña de una tensión excesiva de los músculos que rodean la vagina. Puede aparecer dificultad para introducir un tampón, realizar una exploración ginecológica o mantener relaciones con penetración.
Además, dolor y tensión muscular pueden retroalimentarse: si anticipamos que algo va a doler, la musculatura puede contraerse todavía más y aumentar la molestia.
Cuando existe este componente, el tratamiento suele necesitar un abordaje específico y puede incluir fisioterapia especializada de suelo pélvico y otras estrategias según cada caso.

Los tratamientos regenerativos pueden utilizarse en pacientes seleccionadas como complemento dentro de un plan de tratamiento.
La elección depende de las características del tejido, los síntomas y la causa del dolor.
No sustituyen el diagnóstico ni existe un protocolo único para todas las pacientes con dispareunia.
Me cuentas dónde aparece, desde cuándo, cómo ha evolucionado y cómo está afectando a tus relaciones y a tu calidad de vida.
Partos, menopausia, infecciones, cirugías, tratamientos previos y cualquier problema vulvar que pueda estar relacionado.
La exploración busca identificar qué estructuras provocan el dolor y se adapta a lo que puedas tolerar cómodamente.
Mi objetivo es que entiendas qué factores pueden estar relacionados con tus síntomas y qué opciones tenemos.
El tratamiento se decide según la causa o causas identificadas y puede combinar diferentes abordajes.
Si las relaciones han comenzado a resultar dolorosas, incómodas o difíciles, el primer paso es intentar comprender qué está provocando el problema.
En consulta puedo valorar las posibles causas y explicarte qué opciones de tratamiento pueden tener sentido en tu caso.