Cuando el ardor, la sensibilidad o el dolor íntimo persisten, es importante buscar la causa
El dolor vulvar puede sentirse de muchas maneras: ardor, quemazón, pinchazos, sensación de irritación, hipersensibilidad al contacto o dolor localizado en una zona concreta.
Puede aparecer con las relaciones sexuales, al sentarse, hacer ejercicio, utilizar ropa ajustada o simplemente con el roce. En algunas mujeres incluso aparece sin ningún contacto.
Y algo importante: “dolor vulvar” no es un diagnóstico en sí mismo.
Detrás de estas molestias puede haber diferentes causas. Mi objetivo en consulta es intentar identificar qué está provocando el dolor y, a partir de ahí, plantear el tratamiento más adecuado para cada paciente.
Valoración Presencial y Confidencial
No siempre se siente como un “dolor” propiamente dicho. Muchas pacientes utilizan otras palabras para explicar lo que sienten.
Una sensación parecida a tener la piel irritada o quemada, aunque externamente pueda parecer normal.
Puede aparecer al lavarse, secarse, durante una exploración o simplemente con un contacto suave.
Algunas pacientes sienten que la piel está constantemente sensible aunque no exista una lesión evidente.
El dolor puede sentirse como pequeños pinchazos, punzadas o sensaciones eléctricas.
Puede localizarse especialmente alrededor de la entrada de la vagina y hacerse más evidente con el contacto o la penetración.
En algunas pacientes la sensibilidad o el dolor se concentra en el clítoris o en los tejidos que lo rodean.
Otras veces resulta difícil señalar un punto concreto y la molestia afecta a una zona más amplia de la vulva.
El dolor vulvar puede ser provocado por el contacto o aparecer de manera espontánea. Algunas pacientes tienen molestias:
Antes de hablar de vulvodinia, es necesario comprobar si existe alguna causa que pueda explicar los síntomas.
El liquen escleroso, dermatitis y otras enfermedades dermatológicas pueden provocar picor, ardor, fisuras y dolor.
Durante la perimenopausia, la menopausia y otras situaciones de disminución hormonal, los tejidos pueden volverse más secos, finos y sensibles.
Algunas infecciones vulvovaginales pueden provocar ardor, irritación y sensibilidad. Cuando los síntomas son recurrentes, es importante comprobar si realmente existe una infección activa antes de repetir tratamientos.
Una pequeña grieta en la piel puede provocar mucho dolor, especialmente con el roce o la penetración.
Las cicatrices de episiotomías, desgarros, cirugías o lesiones previas pueden permanecer sensibles o provocar tirantez.
Adherencias, estrechamientos o determinados cambios alrededor de la entrada vaginal o del clítoris pueden producir molestias.
Una musculatura excesivamente tensa puede contribuir al dolor vulvar y al dolor durante las relaciones.
En determinadas pacientes puede existir un componente neuropático, es decir, relacionado con la forma en que los nervios transmiten o procesan las señales de dolor.
Vulvodinia es el término utilizado para describir un dolor vulvar persistente, habitualmente de al menos tres meses, cuando no se identifica una causa clara que lo explique.
No significa que el dolor sea imaginario ni que “no tengas nada”.
Significa que, después de una valoración adecuada, no encontramos una enfermedad o lesión concreta que explique por sí sola ese dolor.
Cuando el dolor se localiza principalmente en el vestíbulo, que es la zona situada alrededor de la entrada vaginal, hablamos de vestibulodinia.
Puede aparecer únicamente con el contacto —por ejemplo durante las relaciones, al introducir un tampón o durante una exploración— o existir también de forma espontánea.
Algunas mujeres sienten un dolor muy localizado justo en la entrada de la vagina.
Puede describirse como:
Durante la valoración intento identificar exactamente dónde aparece el dolor y comprobar el estado de los tejidos de esa zona.
La vestibulodinia puede coexistir con tensión del suelo pélvico, cambios hormonales u otros factores, por lo que el tratamiento debe individualizarse.


El dolor localizado en el clítoris se conoce como clitorodinia. Puede sentirlo como hipersensibilidad, ardor, dolor al contacto o molestias persistentes.
Cuando una paciente presenta dolor en esta zona, valoro no solo el clítoris sino también el capuchón y los tejidos que lo rodean.
En algunos casos pueden existir:
No todo dolor clitorídeo significa que existan adherencias, por lo que es importante explorar la zona antes de plantear un tratamiento.
La consulta empieza hablando. Me interesa saber cómo comenzó el problema, dónde notas las molestias, qué las desencadena y qué tratamientos has utilizado anteriormente.
También reviso si existen otros síntomas: picor, sequedad, flujo, fisuras, molestias urinarias, dolor durante las relaciones o cambios relacionados con el ciclo hormonal o la menopausia.
Después, cuando es posible, realizo una exploración dirigida.
Busco cambios de coloración, inflamación, fisuras, lesiones o signos de enfermedad dermatológica.
Puedo explorar suavemente diferentes puntos alrededor de la entrada vaginal para identificar dónde aparece el dolor.
Valoro su anatomía, movilidad y la posible presencia de adherencias o zonas especialmente sensibles.
Compruebo si existe sequedad, cicatrices, estrechamiento u otros cambios.
Cuando está indicado, valoro si existe una tensión muscular excesiva que pueda estar contribuyendo al dolor.

La exploración se adapta a cada paciente. Si una maniobra resulta demasiado dolorosa, no es necesario forzarla.
En muchos casos, la historia clínica y una exploración cuidadosa aportan gran parte de la información necesaria. Dependiendo de los síntomas y de lo que encuentre durante la exploración, puede ser necesario realizar o solicitar otras pruebas.
Por ejemplo:
Las pruebas se solicitan cuando pueden aportar información útil, no de manera rutinaria a todas las pacientes.
Una vez realizada la valoración, el tratamiento se dirige a los factores que puedan estar provocando o manteniendo el dolor.
Cuando existe irritación, dermatitis, fisuras u otras alteraciones de la piel.
Por ejemplo, cuando se diagnostica liquen escleroso u otra patología dermatológica.
Puede estar indicado cuando existen sequedad, fragilidad o cambios relacionados con la disminución hormonal.
Solo cuando existe una infección que justifique los síntomas.
Puede ser especialmente útil cuando existe tensión muscular, dolor miofascial o dificultad para relajar la musculatura.
Cuando existe un componente neuropático o una vulvodinia, pueden ser necesarios tratamientos específicos dirigidos al dolor.
Cuando existe una cicatriz dolorosa, una adherencia u otro problema estructural, el abordaje dependerá de sus características.
En determinadas pacientes pueden valorarse tratamientos dirigidos a mejorar las características y la calidad del tejido vulvar.
No son tratamientos universales para el dolor vulvar ni sustituyen el tratamiento de una enfermedad de base.
Su indicación debe decidirse después de la valoración y según las características de cada paciente.
Una mujer puede tener dolor vulvar sin mantener relaciones sexuales y también puede presentar dolor exclusivamente durante la penetración.
Cuando el dolor aparece durante las relaciones, intento determinar qué estructura está doliendo y por qué.
Puede existir dolor en el vestíbulo, sequedad, una fisura, una cicatriz, tensión muscular, una enfermedad vulvar o varios factores al mismo tiempo.

Cuando una zona lleva meses o años doliendo, el problema puede dejar de depender únicamente del tejido que inició las molestias.
Los músculos pueden mantenerse más tensos, el contacto puede empezar a resultar doloroso y el sistema nervioso puede volverse más sensible a determinados estímulos.
Por eso, en algunas pacientes es necesario tratar varios componentes del dolor al mismo tiempo.
Esto no significa que el dolor sea psicológico ni que lo estés exagerando.
Significa que el dolor persistente puede convertirse en un problema complejo y que, en ocasiones, necesita un abordaje multidisciplinar.
Dónde duele, desde cuándo, cómo comenzó y qué situaciones empeoran o alivian las molestias.
Tratamientos anteriores, infecciones, problemas vulvares, partos, cirugías, cambios hormonales y cualquier antecedente relevante.
Busco posibles causas del dolor y trato de identificar exactamente qué zonas son sensibles.
Quiero que entiendas qué puede estar provocando tus síntomas y por qué.
El tratamiento se adapta a las causas identificadas y puede necesitar más de un abordaje.
Si llevas tiempo sintiendo ardor, sensibilidad, dolor con el contacto o molestias que aparecen una y otra vez, merece la pena intentar averiguar qué está ocurriendo.
En consulta puedo estudiar las posibles causas, explicarte lo que encuentro y plantear un tratamiento adaptado a tu situación.